El milagro de Fátima.

HOMBRES SIN TRADICIÓN

En su breve discurso a los «cultivadores del pensamiento, la ciencia y el arte» congregados en Lisboa, Benedicto XVI acierta a definir la tragedia más honda de nuestra época, que no es otra sino la ruptura con la tradición, con todo ese acervo de sabiduría acumulada que, revitalizado por cada generación, se entrega a la generación siguiente, para ayudarla a descifrar el mundo. «En efecto -ha señalado el Papa-, en la cultura de hoy se refleja una «tensión» entre el presente y la tradición, que a veces adquiere forma de «conflicto». La dinámica de la sociedad absolutiza el presente, aislándolo del patrimonio cultural del pasado y sin la intención de proyectar un futuro». Y un presente desgajado del acervo cultural que lo explica acaba arrojando a sus hijos a la intemperie; o, todavía peor, los recluye en las mazmorras donde los aguardan los tiranos disfrazados de mesías que saben que los pueblos sin traditio (los pueblos que ya nada tienen que entregar, puesto que nada han recibido) son los más vulnerables a la ingeniería social.

Esta ruptura con la tradición se nos vende, por supuesto, como una suerte de liberación mesiánica. Absolutizando el presente -por emplear la expresión papal-, los hombres llegan a creerse dioses; y olvidan que las ideas nuevas que les rondan la cabeza (que, por supuesto, son ideas inducidas por el tirano de turno, que ha modelado a su gusto la esfera interior de sus conciencias) son repetición de los viejos errores de antaño, esos errores que sólo a la luz de la tradición se delatan. Porque la tradición nos conecta con un depósito de sabiduría acumulada que sirve para explicar el mundo, que ofrece soluciones a los problemas en apariencia irresolubles que el mundo nos propone; problemas que otros confrontaron antes que nosotros, que otros discurrieron antes que nosotros, que otros dilucidaron antes que nosotros. Y cuando los vínculos con ese depósito de sabiduría acumulada son destruidos, cualquier intento de comprender el mundo se hace añicos, se liga fatalmente a impresiones contingentes, se zambulle en un carrusel de aturdimiento y banalidad. Y así, subidos a lomos de ese carrusel, nos quieren los nuevos tiranos, para que nuestra orfandad sin vínculos con la tradición se convierta en el terreno de cultivo de sus consignas ideológicas, que actúan a modo de implantes emocionales en nuestros cerebros y en nuestras almas.

A nadie se le escapa que en este rechazo de la tradición subyace un aborrecimiento de la verdad; esto es, un intento de negar la existencia de una naturaleza humana objetiva, dotada de racionalidad ética. «Este «conflicto» entre la tradición y el presente -proseguía Benedicto XVI en su discurso lisboeta- se expresa en la crisis de la verdad; pero sólo ésta puede orientar y trazar el rumbo de una existencia lograda, como individuo o como pueblo. De hecho, un pueblo que deja de saber cuál es su propia verdad, acaba perdiéndose en el laberinto del tiempo y de la historia, sin valores bien definidos, sin grandes objetivos claramente enunciados». Quien defiende hoy en Occidente la verdad que puede orientar el rumbo de una existencia lograda, para los individuos y para los pueblos, es la Iglesia católica; quien resguarda el legado de la traición, en medio de las invasiones bárbaras que arrojan al hombre a un laberinto sin salida de ideologías nefastas, es la Iglesia católica; quien no declina en su misión prioritaria de «llevar a las personas a mirar más allá de las cosas penúltimas y ponerse a la búsqueda de las últimas» es la Iglesia católica. Por eso se le niega la condición de interlocutor en un mundo ensordecido por la repetición de viejos errores; en un mundo que quiere a sus hijos arrojados a la intemperie, o todavía peor, recluidos en la mazmorra de los pueblos lobotomizados que han renunciado a su tradición.


Juan Manuel de Prada

Publicado por lascrucesdelasespadas@gmail.com

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Madrid Honra a su patrón S. Isidro.

Nuevo baño de multitudes del Cardenal Rouco

El viejo Madrid, castizo y cosmopolita a la vez, se echó a la calle con San Isidro y con Santa María de la Cabeza, arropando a la Iglesia y a su Cardenal en la Festividad del glorioso Patrón de Madrid y de los agricultores. Miles de personas, cofradías, bandas de música, danzantes, chulapos y manolas, fieles, turistas, curiosos y admiradores, necesitados y sobrados, todos con San Isidro en el día grande de la capital de España.

Por la mañana se celebró la Santa Misa en la Colegiata de San Isidro, que conserva el cuerpo incorrupto del santo. Asistió el Alcalde de la capital con varios miembros de la Corporación Municipal. El Cardenal Antonio María Rouco Varela centró su homilía en el ejemplo de vida cristiana del santo y de su esposa, uno de los pocos casos de un matrimonio en el que ambos cónyuges hayan sido proclamados santos. Por tanto, un modelo de familia, de confianza en Dios, de desprendimiento, generosidad, trabajo y devoción; ejemplo válido para todos los tiempos, especialmente ahora, en estos tiempos de crisis. El Cardenal volvió a insistir en el respaldo unánime, sin fisuras ni condiciones, hacia Su Santidad el Papa Benedicto XVI.

Por la tarde se celebró la procesión, que transcurrió por la calle Toledo, Tintoreros, Puerta Cerrada, San Justo y Sacramento, calle Mayor, Plaza Mayor, Imperial y otra vez Toledo para volver a la Colegiata, antigua Catedral.

Muchos balcones lucían engalanados con la bandera de España y con mantones y tapices.

Santa María de la Cabeza también se paseó, galana y esbelta, entre su pueblo.

El Cardenal Rouco, que acompañó a la procesión todo el recorrido, también disfrutó de una tarde espléndida, popular y gozosa. Un nuevo baño de multitudes de quien tiene el respaldo unánime del pueblo católico, a despecho de las voces discordantes, de las amenazas y coacciones de un laicismo agresivo, radical y anticristiano que no le asusta. Ladran, luego cabalgamos.

El hermoso templo, abarrotado todo el día, también lo estuvo tras recogerse la procesión, para cantar los himnos a San Isidro y a la Virgen de la Almudena.

El Cardenal estuvo coloquial, familiar, cercano y cálido. Contó su estancia en Fátima los días 12 y 13 con el Papa, la inmensa muchedumbre que allí había y recordó algunos detalles de las apariciones, particularmente las amenazas y presiones que les hicieron a los niños pastorcillos para que negaran lo que habían visto, su detención el 13 de agosto para que no pudieran acudir a la cita, el milagro del sol, etc. Su Eminencia estaba comunicativo, contento, y se le notaba, consiguiendo transmitir el mismo estado de ánimo a todos. Los que tienen crisis para rato son otros.


La Virgen Peregrina de Fátima, en Fuenlabrada

La imagen Peregrina de la Virgen de Fátima ha estado durante una semana en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Fuenlabrada. Con tal motivo, una gran afluencia de fieles ha acudido a la Parroquia, honrando así a la Santísima Virgen, sobre todo el día de su Festividad, 13 de mayo.

Hubo exposición del Santísimo y Santo Rosario.

Posteriormente se celebró una procesión por los aledaños de la Parroquia, con cantos y Salve. El Movimiento Católico Español quiso acompañarla con la bandera española con el Sagrado Corazón de Jesús y con la Cruz de Santiago sobre fondo verde.

La Santa Misa fue celebrada por el Señor Cura Párroco, Don Andrés García, que exhortó a cumplir con el mensaje de Fátima, oración y penitencia, pidiendo mucho por el Papa, a quien debemos seguir fielmente, sin que pueda considerarse hijo de la Iglesia ni de la Santísima Virgen quien no le ame y reconozca como Vicario de Cristo en la tierra. A propósito, leyó varios párrafos de la homilía del día anterior del Papa en Fátima.

El templo se hallaba abarrotado y los fieles disfrutaron de los viejos cantos eucarísticos y marianos, especialmente el “Cantemos al Amor de los amores”, “Tomad, Virgen Pura”, “Con flores a María” y el “Ave María”.

El amor de los hijos prolongó la jornada, besando las cintas de la imagen y cantando reiteradamente a la Madre de Dios y Madre nuestra. Y también hubo tiempo para encuentros y reencuentros entre muchos hijos que la Madre va reuniendo y que renuevan sus compromisos de apostolado en una Parroquia que se ha revitalizado extraordinariamente en los últimos tiempos.

La Virgen Peregrina

de Fátima, en San

Romualdo

La Imagen de la Virgen Peregrina de Fátima ha llegado a la Parroquia de San Romualdo en el madrileño Barrio de Bilbao, junto al metro de Ascao. Culmina así el mes mariano de mayo, donde la imagen va a ser venerada 3 días consecutivos, del sábado 29 al lunes 31 de mayo, celebrándose diversos cultos marianos y eucarísticos en estos días. Numerosos fieles han querido acompañarla desde su llegada.

También lo han hecho los jovencitos de catequesis, que en este parroquia y en este curso son en su gran mayoría hispanoamericanos, especialmente de Perú y Ecuador. La peruana imagen del Señor de los Milagros se guarda en esta parroquia, como se puede ver parcialmente en la fotografía, al fondo y a la izquierda de la imagen y el último domingo de octubre se celebra una gran procesión, muy vistosa y colorida, por las calles del barrio, con la venerada imagen, como puede verse en la que se celebró en 2001, recogida por esta web:

http://ajeantigua.iespana.es/octubre01.htm


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