Sangre y Arena

Artistas frente a la progresía…

Posted: 13 Jun 2010 11:26 AM PDT

“Renuncio a la progresía porque quiero corridas en Cataluña“, Andrés Calamaro está en España para promocionar su nuevo disco, ‘On the Rock‘, y como todas las promociones, toca visitar medios, conceder entrevistar y saltar al plató. Ayer le tocaba una plaza de primer nivel, la plaza mediática zapateril por excelencia, La Sexta, y uno de los morlacos de mayor encaste de la ganaderia ‘progre’: Buenafuente.

Pero Andrés es como es, Honestidad Brutal, siempre ha dicho lo que piensa, como en Las Ventas en 1996 con su canción Aquí no podemos hacerlo; y al saltar al ruedo frente a Buenafuente debió pensar lo mismo con los toros en Cataluña, aquí no podemos hacerlo. Y salió el Calamaro más racional, el  que cantaba no puedo quedarme parado sin hacer nada, que ya había avisado minutos antes: “me gusta tocar estos temas politicamente incorrectos“. Y el que avisa no es traidor.

Así Calamaro se soltó entre los pitones del encastado con una faena que será recordada durante largo tiempo. Lean:

“Con solemnidad y no sin cierto pesar, renuncio con el estado televidente español de testigo a mi status de progre, sospechado de rojo y libre pensador. Renuncio a la progresía porque quiero corridas en Cataluña, quiero correrme en una Fiesta de arte y muerte, verte correrte de buena suerte, y es más, quiero que vuelva José Tomás en Barcelona de nuevo y no me muevo de mi respeto a las tradiciones y que los papelones los haga mi compatriota que juntó cuarenta firmas por la derrota de esta fiesta que pintaron Goya y Picasso y por si acaso no quedó claro, le aclaró mi buen Andreu, que hago bulto por la libertad de culto y si prohibir es progesía y el progre es rabioso anti rojo, mi antojo es renunciar al progresismo ahora mismo. ¡Toros sí, toros sí!”

El público se levantó para ovacionar al matador y pidió las dos orejas y el rabo de un morlaco que ayer sintió una estocada en lo más hondo de su orgullo, y que no daba crédito a lo que veía. ‘Como sois los argentinos…’ sentenció con disimulo.

http://hispaniainfo.wordpress.com/

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El toro en Hispania

Posted: 07 Jun 2010 01:28 AM PDT

El toro bravo desciende del uro o toro salvaje de la Edad Media, que abundaba en toda Europa, con más que posibles contribuciones del vacuno que trajeron los celtas que habitó por el norte de España y de Portugal, y aportaciones del ganado que emigró a la península Ibérica procedente de África en el período cuaternario, coincidiendo con las glaciaciones.

Como en la cultura Grecorromana, el toro está igualmente muy ligado a las raíces de la cultura hispana. Es el animal más emblemático, hasta el punto de simbolizar la fiesta popular, y su figura fecunda todas las artes, desde las pinturas rupestres pasando por los toscos verracos ibéricos, hasta las tendencias más modernas de la cultura española, representado en dibujos, grabados, pinturas, esculturas y por supuesto en nuestra literatura. El toro desempeña un papel fundamental en la economía de la península ibérica, pues modifica el paisaje por la necesidad de mantener grandes vacadas, y propicia la creación de las ferias de ganado que tanta importancia tuvieron para el desarrollo de pueblos y ciudades.

El toro de lidia tuvo su cuna, origen y solar en España, y desde aquí se extendió y exportó a Portugal, sur de Francia y numerosos países del Continente Americano principalmente durante el siglo XX.

Gracias a la concurrencia de intereses de una cultura popular con profunda raigambre taurina, a las prácticas ecuestres de los nobles y caballeros de la Edad Media, a la destreza para el juego con los toros del personal encargado de su manejo en las dehesas y en los mataderos, así como al inteligente arte de criar y seleccionar de los ganaderos, se creó este bello animal, una de las mayores joyas de la zootecnia mundial.

En defensa de nuestra identidad

por Ernest Milá

Posted: 24 May 2010 03:36 AM PDT

¿Cómo es posible que nadie en el ambiente patriótico salga en defensa de las corridas de toros?

No es, sin duda por casualidad que el símbolo de “lo español” es la silueta del toro de Osborne. Y sin embargo la abusivamente llamada “fiesta nacional”, está presente también en otros países. En Portugal, por ejemplo. Y en todo el Mediodía francés. ¿Cómo podría extrañarnos? Hubo un tiempo en que en toda Europa se realizaban rituales similares.

Lo que vamos a defender en este artículo es que la fiesta de los toros es una parte esencial de nuestra identidad. Que la fiesta nacional es un rito de origen religioso. Que la fiesta nacional deriva de prácticas rituales de la casta guerrera. Y, finalmente (en un próximo artículo), que en la historia de España, se tiene constancia del toreo desde el siglo XII y que siempre han sido los personajes más conflictivos de nuestra historia –ayer el conde de Aranda, creador de una masonería independiente en España y hoy ZP, ayer Fernando VII y casi todos los borbones y hoy Carod-Rovira- quienes se han opuesto a las corridas de toros.

Sirva este artículo, pues, como voz en defensa de la “fiesta”.

Estar en el “mundo moderno” y ser del “mundo moderno”

Practicado el exorcismo ritual, añado: “soy español –mire usted por donde- y me gustan las corridas de toros”. Lo gracioso del caso es que las mejores “faenas” en el sentido alegórico, se las he visto a hacer a camaradas y las faenas taurinas, por paradójico que pueda parecer, las he visto en Nimes de Provenza y una de las más memorables en el festival taurino de mayo del 99 a un torero francés, Stephan Fernández Meca. Y aunque el “Olé” en francés, en toda la Camargue y en Las Landes, suena con otro acento, hay en el Mediodía francés tanta afición como en España, lo que demuestra que, lejos de ser “español” o “andaluz”, es europeo.

De ahí que mi razonamiento sea: en la medida en que un sistema de identidades se basa en tres niveles (la patria, la tierra natal o “patria chica” y Europa), tiene narices que en las tres el noble arte del toreo esté presente. Por que el toreo está presente en Catalunya, en el País Vasco y en cualquier otro lugar de la Península. Su radio de acción abarca hasta el mediodía francés pero hay algo en los toros que fascina en Europa. No lo tenía muy claro hasta que un día, Alain de Benoist en un restaurante taurino en Barcelona, me dio la clave mientras se zampaba una tabla de fiambres: “Las corridas de toros están en el mundo moderno, pero no son del mundo moderno”. Y siguió con su morcón de Ávila… Los intelectuales son así, incluso en comiendo y bebiendo, te aclaran problemas. A partir de aquí era fácil elaborar una línea de comprensión sobre el fenómeno taurino.

Para los que tenemos cierta tendencia a valorar la Tradición por encima de cualquier otra cosa, la cuestión está muy clara. Lo que es “tradicional” ha existido siempre, lo que es “moderno” ha aparecido solamente en un período reciente, ¿hemos de pensar que toda la humanidad ha estado antes equivocada? Si algo es tradicional, es esencial –necesario para la vida-; si algo es “moderno”, es accidental –la vida puede desarrollarse sin eso 1y es posible prescindir de ello. Las sociedades han prescindido en la mayor parte de su historia del bidé, sin ir más lejos, pero siempre han tenido ritos. Los ritos unen a las comunidades, las afianzan, les dan un sentido y forman la expresión más auténtica de los pueblos, a través de los cuales cristaliza su identidad. Los toros son un rito. Solamente es espectáculo muy en segundo plano.

Los toros como ritual y sus huevos…

Un rito es una “operación mágica”, a través del cual se hace posible aquello que desafía a las leyes de la física. La transubstanciación generada durante la misa, por ejemplo. Una liturgia es la forma en la que se desarrolla un rito. Rito y liturgia suelen referirse hoy al cristianismo pero, en realidad, todo movimiento religioso o con una base religiosa (del latín “religare”, volver a unir, ¿el qué? Lo físico con lo metafísico, tal es la esencia del fenómeno religioso) dispone de un ritual y de una liturgia propia.

Digámoslo ya: el origen del toreo es el viejo paganismo europeo. Su origen no es, pues, crueldad, ni violencia gratuita contra un animal indefenso, ganas de putearlo y hacerlo sufrir… sino la traslación de una visión del mundo de origen muy remoto, muy anterior al nacimiento de “lo español” y, esto es lo importante, que estuvo presente en todo nuestro ámbito étnico, antropológico y cultural. El rito de enfrentarse a un toro se encuentra a partir de la Edad del Bronce presente en muchos lugares de Europa, distantes de nuestra tierra.

¿Qué tiene el toro para que sea el centro de un ritual? Los testículos y la cornamenta ¿qué va a ser, sino? Mirad los huevos de un toro colgando y ya me diréis sino es el símbolo de la virilidad. Mirad su cuello y no os extrañará que sea el símbolo de la fuerza. Mirad sus cuernos y veréis en ellos el símbolo de la agresividad y del ataque. Ved como carga un toro contra un caballo y veréis fuerza y potencia.

En la antigua Roma, los iniciados en los misterios de Mitra, habitualmente legionarios romanos, en el momento de su iniciación en la cofradía, se situaba en una cámara oscura sobre la cual en otra sala era degollado un toro cuya sangre caía sobre el aspirante a recibir la iniciación. Era un rito de transferencia a través de la sangre por el cual la agresividad y el valor del toro pasaban al guerrero. Decía la leyenda de Mitra que éste dios venció a un toro cabalgando sobre él, cuando Mitra apuñaló al toro, su sangre cayó sobre la tierra y la fructificó (nuevo símbolo sexual, la sangre del toro, a modo de semen, fecunda a la madre tierra) de ahí que en sus representaciones iconográficas la escena de la muerte del toro mitraico en el lugar donde cae su sangre, aparecen espigas.

Hay que recordar que el mitraismo fue la religión mistérica rival del cristianismo que, en cierta medida incorporó sus temas. Uno de los grandes estudiosos del mitraismo fue Julius Evola y a sus artículos y estudios remitimos a ellos para mayores aclaraciones. Quede constancia de que la religión que ejecutaba a un toro fue la de las legiones romanas y que, antes de que el mitraismo irrumpiera en Roma, ya en el Circo, no sólo los gladiadores, sino los hijos de las familias patricias romanas (la casta guerrera) luchaban contra los uros (el toro que en otro tiempo pobló toda Europa) y lo consideraban el mayor honor en tiempos de paz.

Antes, en el mundo griego, los pueblos mediterráneos cretenses y minoicos ya “jugaban” con toros y se arriesgaban a cogerlos por los cuernos o saltar sobre ellos. Esa tradición, casi sin alteraciones ha llegado hasta nuestros días en el rito portugués de “Os forçados”, en el cual, un grupo de jóvenes se sitúa delante del toro; van provistos de un gorro frigio –el gorro de los iniciados con el que se representa a Mitra- y se sitúan ante el toro, aguantando su ataque frontar a manos descubiertas e inmovilizándolo. La tradición nos habla en el presente con ecos del ayer.

Luego, cuando irrumpieron los pueblos indo-arios, dorios y aqueos, estas tradiciones prosiguieron. La muerte del toro en el laberinto de Dédalo es otro episodio que recuerda la perennidad del mito de la muerte del toro. Estamos hablando, pues, de algo que “nos pertenece”, que pertenece a nuestro patrimonio antropológico y cultural, a nuestra identidad y que, de paso, mira por donde, es una tradición europea.

Pequeña historia del toreo

La esencia del rito taurino

Todo rito tiene un significado deliberado. En los ritos de tránsito, se amputa al adolescente de una parte de su anatomía (normalmente el prepucio o se le realiza una escarificación o un tatuaje), se le lanza a una “aventura iniciática” y, cuando ha regresado, ya se le considera “hombre”, se integra en la hermandad de los hombres y se aleja del mundo de la madre. Ayer lo hacían en las civilizaciones tradicionales: al niño africano ve como le cortan el prepucio y debe adentrarse luego en la selva para cazar a algún animal totémico. Hoy lo hacen los skins (el rapado del pelo es su “mutilación” y con la “aventura iniciática” en el estadio de fútbol contra la hinchada rival). Ya lo decía Julio Caro Baroja: “cuando se cierran las puertas a lo iniciático, lo iniciático entra por la ventana”.

¿Cuál es la función del rito taurino? Inicialmente, en las civilizaciones antiguas, el mitraismo nos ha dado la clave: muerte del toro y renacimiento del guerrero convertido en miembro de la cofradía mitraica. En el toreo actual la clave iniciática se ha perdido. El toro sigue muriendo pero el torero ignora explícitamente el por qué. Aunque no todo el sentido del rito se ha perdido.

En los ritos muerte-resurrección, siempre se produce una transmutación: la cualidad de la víctima propiciatoria se traslada al oficiante, esto es, al torero. Al igual que en la muerte de Cristo hay unas etapas detalladas en los misterios del rosario, también en la muerte sacrificial del toro existe el mismo proceso: tres tercios, banderillas, varas y espada. El tres es el número de la fiesta de los toros: tres tercios, tres miembros de la cuadrilla, tres pares de banderillas, y un largo etcétera. Quien esté tentado por investigar en esa dirección, le recomiendo la lectura de la primera obra de Fernando Sánchez-Dragó, “Gárgoris y Habidis” en donde se detalla todo esto.

Algunos toreros –en realidad muchos- han sido extremadamente religiosos. Siempre, antes de ir a la plaza, en el hotel, han rezado sus oraciones. Las han vuelto a repetir en la plaza antes del paseíllo. Lo sagrado no se ha retirado completamente de las plazas de toros, simplemente se ha alterado como el Dies Natalis Solis Invictus, la fiesta de Mitra, se transformó en la Fiesta de Navidad, natalicio de Jesús.

Un rito no apto para almas sensibles

¿Qué es un símbolo? Un símbolo es la expresión sensible de una idea. La idea de la agresividad y de la virilidad, por ejemplo, se expresó a través del símbolo del toro en todas las civilizaciones tradicionales (del toro o de sus avatares: el uro, el búfalo, etc.). En las civilizaciones tradicionales, la ética del guerrero sintetizaba: “Más enemigos, más honor”, esto es, matar a una hormiga tras “dura lucha” no aporta honor, matar al más fiero de los guerreros, en cambio, sí. Matar a un toro que es, a la postre el símbolo de la virilidad guerrera, es el límite al que puede otro guerrero puede aspirar.

Las civilizaciones tradicionales indo-europeas son “estamentales” y “trifuncionales” (Dumezil lo demostró hasta la saciedad). Están organizadas en función de un principio psicológico: hay caracteres distintos y no se puede pedir a todos las mismas aptitudes y esfuerzos; existen fundamentalmente tres tipos psicológicos de caracteres. Existe gente más dotada para la meditación y la contemplación (en las sociedades tradicionales hay constancia de “órdenes religiosas” desde el segundo milenio antes de Cristo en Egipto y antes en Sumer). Existe, así mismo, gente más dotada para la acción (las “órdenes militares” que en mi opinión fueron las primeras en constituirse porque desde que el primer homínido bajó del árbol fue preciso dotarse de armas para defenderse) y, finalmente, gente más dotada para manufacturas (“gremios” cuyos miembros trabajaban con sus manos). Los ritos de cada estamento son distintos y quienes pueden “entender” la liturgia de cada rito son aquellos a quienes su psicología le hace tender hacia una de las tres formas de psicología: función productiva, función sacerdotal y función guerrera. Meditación, acción y creación son las tres vías de acceso a la realización personal de los hombres en las civilizaciones tradicionales.

El arte del toreo hasta las puertas de la modernidad siempre ha sido patrimonio de la casta guerrera. No es por casualidad que la “religión” de las legiones romanas fuera el mithraismo que situaba la muerte de un toro en su centro, ni que hasta principios del siglo XVIII se toreara solamente a caballo –hoy rejoneo-. El uso del caballo y el hacer la guerra sobre el corcel era patrimonio de la casta guerrera y, por tanto, de la aristocracia.

¿Os imagináis a un legionario del Tercio o a cualquiera de los que se han alistado voluntarios en las COE rechazar el toreo porque el “toro sufre”? Quien lleva en su sangre el combate, el enfrentamiento, la prueba de fuego, el choque de voluntades, la exaltación de la acción, no puede sino amar el toreo; es normal. Por lo mismo, quienes pertenezcan a otros grupos psicológicos o estamentos (de hecho, la gran pregunta que plantea las doctrinas tradicionales es ¿quién soy yo? ¿qué llevo dentro? ¿para qué sirvo?) tengan reacciones diferentes ante el toreo. Por eso hay taurinos y anti-taurinos y por eso los argumentos de unos y otros tienen poco que ver con la racionalidad, sino más bien con su espíritu profundo y con su ser más íntimo.

El juego del amor y de la muerte

Quizás la mejor película de Almodóvar (y en mi opinión la única que no merece ser tirada al basurero) es “Matador”, una verdadera reflexión sobre el amor sexual y la muerte, con un fondo argumental mucho más profundo e interesante que cualquier otra de sus fatuas películas posteriores. El tema de “Matador” es la fascinación que el torero experimenta por la muerte (que no es muy diferente de la que se deja traslucir en el Tercio con aquello del “novio de la muerte”) y la mujer asesina –una encantadora Assumpta Serna- que relaciona orgasmo sexual con muerte. Algo de todo esto está presente en el toreo.

Aunque los antitaurinos lo cuestionen, son constantes las declaraciones de toreros, novilleros y rejoneadores que afirman “amar al toro”. Son muchos también quienes han expresado que durante la faena experimentan un placer similar al orgasmo. Los códigos sexuales aparecen en múltiples facetas del toreo. Se diría que el diseño de los pantalones del torero (la taleguilla) está ideado para que a cada pase, el lomo del astado friccione el pene del torero, así que no es rara esa sensación de excitación que han reconocido muchos toreros, ¿pura física? Hay algo más.

Otros toreros han resaltado que, de la misma forma, que algunos ritos religiosos implican un período de ayuno y abstinencia, ellos se abstienen de tener prácticas sexuales, incluso de masturbarse. Uno de ellos –posiblemente fuera Paco Camino, disculpad si me equivoco- decía que “el toro lo sabe” (como la mujer cuyo marido se ha ido con una amante y sin pruebas objetivas, sino por puro instinto “sabe” que ha sido engañada). El toro es el partener simbólico del torero, sin el toro, como sin la mujer, no habría posibilidades de amar y morir en el orgasmo.

Otros toreros como Manolete estuvieron fascinados literalmente por la muerte. Mataban al toro pero intuían que ellos estaban vivos y regenerados por la muerte del morlaco. Es sorprendente también que otros toreros (Dominguín) tuvieran relaciones sexuales compulsivas – no fue el único- como si hubieran desatado mediante el rito, una fuerza profunda que eran incapaces de controlar.

A partir de todo esto, extraña menos el amor con el que el torero habla del toro, y la relación con la muerte que casi resulta de la misma intensidad como la pareja que yaciendo en el acto sexual grita palabras en pleno éxtasis amoroso: “mátame”, “Me muero”, “Me matas”… Por eso, podemos afirmar que en el acto del amor está presente esa dualidad “vida – muerte”. Finalmente, la crisis del orgasmo es esa sensación de que el suelo falta bajo los pies, de abandono total, a lo que sigue la quietud, el reposo… como el de la muerte.

Esas mismas sensaciones son las que “poseen” al torero en la plaza: también él quiere vencer al toro, como el amante quiere dejar rendida a su compañera; en las grandes faenas en el ruedo, siempre se tiene la sensación indeleble de que no es el consciente ni la racionalidad lo que guía la muleta del torero, sino que éste se encuentra en un estado de éxtasis profundo. El rito termina, como en el acto del amor carnal, con la muerte del toro (o del torero).

Las razones de los antitaurinos

Nunca he entendido la obsesión de los antitaurinos, ni mucho menos la forma de expresarse, pero no me cabe la menor duda de que tiene mucho que ver con todo esto. ¿Cómo interpretar el que Alaska no hace mucho, posara con toda su humanidad celulítica desparramada y retocada con sobredosis de Photoshop, con unas banderillas en la espalda en un posado antitaurino? ¿Qué pensar de los PETA norteamericanos protestando contra las corridas de toros desnudos? ¿O de otros antitaurinos apareciendo en el ruedo durante una corrida en el lugar más adecuado para que nadie les haga caso exponiéndose a las iras de gente que ha pagado para ver un espectáculo y que unos intemperantes importunan?

Todas estas actitudes tienen una impronta psicológica y a la vez sexual: son formas de protesta que solamente pueden ser ejercidas por masoquistas. El masoquista, en general, tiene un complejo de culpabilidad que, una vez sublimado, le hace amar su autodestrucción. No es mi problema analizar a los antitaurinos, pero me da la sensación de que muchos de ellos están como las maracas de Machín. Por eso los “taurinos” tienden a reírse y despreciar estas protestas, ante lo evidente del desorden mental de quienes gritan al público: “Asesinos, asesinos”…

Por otra parte, los toros pueden gustar o no, incluso puede ser comprensible que alguien haga de lo antitaurino una “cruzada”… pero, a partir de determinados límites y formas de expresarla, la protesta se convierte en algo extremadamente ilustrativo sobre la psicología profunda de quien la ejerce: masoquismo, exhibicionismo, animalismo, carencias afectivas, frustraciones personales, traumas, depresiones, desengaños…

Por tanto, no me pidan que me tome muy en serio los argumentos antitaurinos: ¿qué el toro sufre? Igual es verdad, serán los veterinarios quienes se pronuncien, pero su sufrimiento no será en ningún caso como el de un ser humano, por algo tan simple como que el toro carece de principio de la personalidad, mientras que el ser humano tiene sentido de su propia existencia (de hecho la “humanidad” empieza a partir de que un homínido tomara conciencia de sí mismo) y de su presencia. Me resulta incomprensible que alguien iguale el sufrimiento de un ser humano al de un animal.

Y por lo demás hay una noción que está por encima de la extensión del humanismo a los animales: la noción de jerarquía. Lo metafísico es superior a lo físico. El sufrimiento del toro, en caso de poder definirse así, sería algo físico. El arte del toreo posee, en cambio, como todo lo que es iniciático, identitario y tradicional, una metafísica que está por encima.

Ernest Milá

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¡Va por ustedes! Debate sobre las

corridas de toros en Hoy Mismo, un

programa de radio del Nudo Patriota

Español

Posted: 02 Jun 2010 05:27 AM PDT

No a la barbarie

Posted: 02 Jun 2010 05:07 AM PDT

Uno, que es taurino de casta y muy taurino, se escandaliza al ver las imágenes de cómo en la suelta de una vaquilla se la maltrata, denigra y vapulea hasta la muerte. Muerte que dicen ha sido causada por el encontronazo con otra vaquilla, en cualquier caso muerte deshonesta con culpables identificables y a los que al parecer no les va a suceder nada porque el responsable civil serñia el ayuntamiento de Alahurín el Grande. No quiero nio poner el enlace para no volver a ver la cara de esos desgraciados deficientes cerebrales.

Unas imágenes despreciables donde se ven a los mozos, borrachos y empastillados mozos, demostrando su supuesta virilidad carente de motivación, mostrando un poco de lo que es nuestra sociedad hoy en día, demostrando la pasividad de la autoridad presente y la complacencia de una juventud desmotivada y sumamente agresiva. Es de resaltar la presencia en las agresiones de un orondo señor de piel tostada con nada de pintas de ser andaluz y de dos o tres con rasgos más para Marruecos que para Cádiz.

Es intolerable que lo que debiera ser un espectáculo divertido de un “corre que te pillo” se convierta en un acto de salvajismo humano sobre el animal que ya de por sí apostaría que salió de los corrales tocado. Indignante para un taurino poder admitir estos actos como parte de la fiesta nacional e incalificable la tolerancia demostrada por los presentes a esa barbarie y las autoridades que debieron parar esa muestra de incivismo.

Han suspendido la suelta de vaquillas y los mozos, esos salvajes, han quedado en las tabernas descojonándose de las autoridades y para muchos como héroes y para otros simples imbéciles que les han privado de las vaquillas. Porque el animal maltratado no importa a ninguno ni de los maltratadores ni de los asistentes, lo que importa son las risas, las borracheras y los polvos en la era.

Mi total condena a este tipo de acontecimientos que, gracias a Dios, son un simple grano de arena dentro de la inmensidad de nuestra fiesta nacional. Mi total desprecio a esos imberbes que golpeaban salvajemente al animal o lo pateaban cuando ya estaba muerto. Mi incomprensión hacia la autoridad competente que no hizo ni hace nada sobre los causantes de esta más que vergüenza. Y mi sincero deseo de que algún día sean los mozos tratados de la misma manera como ellos salen en el vídeo de los cobardes borrachos.

Javier Berlanga

La belleza del toreo con el capote

Posted: 03 Jun 2010 11:36 PM PDT

La conclusión que sacamos esta tarde parece obvia: ¡qué hermoso es el toreo con el capote! Y una consecuencia lógica: los públicos actuales no saben lo que pierden, cuando, tarde tras tarde, se suele prescindir como un trámite de todo lo que precede a la muleta…

Los aficionados de cierta edad contamos que antes había quites; que los diestros rivalizaban, que había variedad y competencia… Parece como si habláramos de la guerra de los cien años.

Esta tarde se ha comprobado que no tenemos por qué prescindir de una parcela tan importante de la Tauromaquia: la gente ha vibrado sobre todo con los quites. Y los toros no han sido excepcionales sino manejables, más o menos mansos algunos pero con cierta casta… Lo propio del toro moderno.

Lo que ha ocurrido es que hoy pisaba Las Ventas un auténtico artista del capote, Morante de la Puebla, con la responsabilidad de compensar tantas tardes aburridas. Y estaban obligados a hacer el esfuerzo sus compañeros, que tuvieron poca fortuna en sus anteriores comparecencias.

En el tercer toro, Luque da unas verónicas aceptables y unas chicuelinas bruscas. Aparece entonces Morante y mece el capote con una languidez extraordinaria (el tópico nos dice: como mecen en Sevilla a las Vírgenes). Precioso quite. Se pica Luque e insiste en verónicas. Todavía —¡asombro!— Morante añade unas chicuelinas de garbo inequívocamente sevillano. Y Luque le replica con otras chicuelinas con garra.

La gente ruge, cree haber asistido a algo histórico. No es para tanto, me parece. Sí que es algo insólito, por desgracia para la Fiesta actual.

Déjenme añadir un reparo técnico: en los tercios de quites, además de la competencia se buscaba la variedad, una preciosa cualidad. Después de que Morante mece las verónicas, replicar con otras verónicas me parece un error. Y lo mismo digo después de las chicuelinas… ¿No hay otros quites en el repertorio de Luque? (Una tarde, en Barcelona, Marcial realizó veinte quites distintos).

En el cuarto, Cayetano abre una serie de gaoneras con una larga: algo hoy raro de ver y arriesgado. Y Morante dibuja unos delantales de una finura extraordinaria: «la gracia toreadora», decía el poeta.

Morante porfía mucho con su primero: está mejor en los remates y adornos que en el toreo esencial y mata mal.

En el cuarto, mientras aguanta, se luce en ayudados cargando la suerte (no haciendo el poste, como ahora es habitual), derechazos y naturales discontinuos pero primorosos. Y un detalle que la mayoría de la gente no ha advertido: como lleva la espada, enlaza el último muletazo con una estocada valiente, saliendo prendido. Se libra de la cornada por pelos.

Cayetano torea con empaque y estética pero manda poco. El toro va un poco a su aire. En el quinto, muy manejable, muletea en línea, sin estrecharse, descolocado. Y mata desde lejísimos: así, muy raro sería que acertara.

Luque vuelve a ser el joven ambicioso que echábamos de menos. Eso le lleva a acelerarse demasiado pero llega al público su ilusión, su garra. Exagera el compás demasiado abierto, la pata p’atrás. Hasta la vuelta el ruedo la da como una moto… En el último, es mejor la actitud que el resultado.

Nos habíamos ilusionado con el cuarto toro, «Manzanilla», como el poema de Manuel Machado: «es mi vino / porque es alegre y es buena / y porque, amable sirena, / su canto encanta el camino».

Pero lo que de verdad nos ha emocionado es la belleza del toreo con el capote, cuando lo conducen las manos primorosas de Morante de la Puebla.

Eso sí que es, como el título de Manuel Machado, «Cante hondo».

El mayoral, una profesión legendaria

Posted: 12 Jun 2010 04:18 AM PDT

Hablar o escribir sobre la profesión de mayoral de reses bravas induce a la imaginación a crear un sin fin de escenas bonitas y algunas de ellas espectaculares, la verdad es que es una profesión bonita, muy bonita pero sacrificada, el mayoral observa cada mañana lo mejor que ofrece la naturaleza con esos amaneceres espectaculares en ese momento comienza el día de trabajo.

Pero en realidad ¿Que es un mayoral, que labores realiza en una ganadería brava? el mayoral es el hombre de confianza del ganadero, el es el encargado de dirigir todas las faenas de campo y administrativas además responde ante el ganadero por el cuidado de la vacada. Las labores principales son el recorrer todos los días uno a uno los potreros primero que nada para contar que el ganado que hay en cada cercado este completo, posteriormente revisa los lotes de vacas para ver cuantas han parido y si las crías son hembra o macho para poder darlas de alta y proceder a su registro, se asegurara que no hay vacas enfermas y cuales están por parir así como las que han quedado vacías para darles un tratamiento y poder cargarlas. Con los toros es importante el revisarlos a diario ya que en esta etapa se pelean con frecuencia y las cornadas entre ellos están ala orden del día, el mírale los ojos al toro es fundamental ya que están expuestos a  lesiones ya sea por peleas, pajazos o nubes que se les van formando el cual con un tratamiento indicado se le puede salvar el ojo evitando así que quede tuerto y rechazado para la lidia en la mayoría de los casos. Ahora bien la ciencia el saber del mayoral no es sobre los toros en general sino sobre cada toro en particular esto es algo esencial y necesario para el perfeccionamiento de la ganadería ,el tener en la mente con el simple de hecho de ver una vaca, un toro, becerro o cualquier  otro ejemplar es increíble el ver como estos hombres saben todo el árbol genealógico de las reses así como los triunfos y fracasos de toda su estirpe.

Quiero señalar que en Mexico se confunde el termino “Caporal” con el de ‘Mayoral’ y aunque riman no son la misma cosa ya que en nuestro país el caporal se limita a  labores de campo que en el mayor de los casos se reduce a unas cuantas faenas, en lo administrativo, en la selección, en cuestiones de genética, alimentación, algo básico en las ganaderías como es el comportamiento del toro en la plaza no interviene para nada y estas son tareas fundamentales que el mayoral realiza en España y que como cite anteriormente son necesarias, o ¿ustedes han visto a algún caporal tomando notas en el callejón de alguna plaza de toros? y ¿en que ganadería mexicana esta al frente un caporal y la maneja en su totalidad?.

Esto lo digo y es sin el afán de ofender ni menospreciar a los caporales pero hace falta mucho profesionalismo en la gente que maneja las ganaderías bravas tanto en el campo como la oficina no hay que olvidar que el manejo del toro bravo no es como el de cualquier bovino y solamente con gente que sepa lo que esta haciendo se podrá dar ese salto que tanto nos hace falta en el campo bravo, el toro es el eje central de la fiesta y si este no esta correcta y sabiamente manejado solo tendremos fracasos de hecho la factura ya la tenemos encima no lo digo yo lo dicen las estadísticas en la temporada de corridas 2007-2008 en la plaza de toros Mexico y es que el bajo índice de toros que tengan las normas y condiciones mínimas para una buena lidia han sido muy pero muy pocos, sin citar algunas  plazas del interior de la república en donde esto se acentúa todavía mas, ya desde hace rato es necesario  tener un cambio pero con profesionalismo y conocimientos,  se pide a gritos una reflexión por parte de los ganaderos:

Gente que les pueda asistir pero de una manera profesional ya que las improvisaciones han quedado en el pasado y en mi muy particular forma de ver el que no de un giro esta destinado a desaparecer de la fiesta, mi única intención y repito es el ayudar al campo bravo mexicano que se que en el existen ganaderos que son escrupulosos en su selección y manejo de su rancho pero que por distintas razones les es imposible estar las 24hrs del día atentos de su vacada en un arte que demanda estar de sol a sol en este mismo.

http://www.patriotas.es

La música en los toros

Posted: 15 Jun 2010 05:29 AM PDT

Hoy nos tocar tratar un tema de perenne actualidad: la música en las plazas de toros. La fiesta llamada, y no sin fundada razón, fiesta nacional tiene una raíz –un arraigo– que hay siempre que tener en cuenta. Es fiesta de arte, de valor, de emoción, de tragedia, de muerte… Pero lo es también de alegría, de música, de cascabeleo, de clarines y timbales, de pasodobles toreros… De todo esto y de mucho más. Sin embargo –eterna paradoja–, se da el caso singular de que en determinadas plazas no está permitido que se haga sonar la música nada más que en el paseíllo de las cuadrillas y en los intermedios de toro a toro. ¿A qué es debido esto?

Por el contrario, en una plaza de tanta solera como es la Real Maestranza de Sevilla se prodiga la música no ya en el paseíllo inicial de los festejos sino también cuando los matadores cogen los palos para banderillear y cuando el espada de turno está realizando una brillante faena. Se ha dado el caso de que escuchen música los subalternos en señalados momentos de la lidia e incluso que se premie con los honores de un pasodoble torero la vuelta al ruedo de un toro que haya destacado por su buen comportamiento. ¡Sin embargo, en Madrid…! ¿Por qué no toca la música en Madrid, en los momentos claves de la corrida? A pesar de ello, en los festejos de Las Ventas no es extraño escuchar la voz de algún despistado que, ignorante del tema, reclama a voz en grito: “¡Musica, maestro!” Naturalmente que recibe el silencio por respuesta… O la más absoluta rechifla.

Mas existe un antecedente con respecto a la música en los toros en Madrid. Fue el 2 de mayo de 1890 –ya ha llovido–, cuando Lagartijo y Guerrita banderillearon soberanamente a un toro de Saltillo. Qué dimensiones alcanzaría aquello que el público reclamó de la banda, unánimemente, la interpretación de un pasodoble torero, petición a la cual se accedió.

Pero conviene hacer un poco de historia y recordar que la primera plaza de toros en que sonó la música fue la de Barcelona –Barceloneta– el 13 de mayo de 1817, fecha en la que se lidió una corrida de toros de la ganadería aragonesa de Ripamilán, de Egea de los Caballeros, que lidiaron Lagartijo, Villaverde y Manuel Molina, que hizo una faena de las suyas. Recibieron toda clase de premios por su actuación, pero la banda municipal de música que dirigía el maestro Sampere continuaba en silencio. Hasta que los aficionados, hartos de tanto aguardar, comenzaron a pedir la música a grandes voces, a gritos más bien, hasta que consigueron hacer reaccionar a los músicos, que interpretaron una inspirada composición. Al entusiasmo público se sumaron entonces los propios componentes de la banda, incluso el director, y así la gran faena de Lagartijo pasó a los anales de aquella plaza, ya desaparecida. En Madrid, sin embargo, no se ha dado nada semejante. ¡Ni por asomo! Madrid es mucho Madrid.

Ya en época reciente, cuando dirigía el diario Ayer, de Jerez de la Frontera, el siempre admirado y nunca olvidado Paco Montero Galvache –tan buen amigo como escritor– se le ocurrió abrir una encuesta sobre el tema “La música en los toros”, a la que convocó a un grupo de profesionales, como toreros, ganaderos, apoderados, empresarios, críticos y aficionados. La reunión –a la que fuimos invitados– se celebró en el restaurante El Bosque, de Jerez de la Frontera, bajo la presidencia del alcalde. Es oportuno señalar que uno de los invitados era el matador de toros sevillano Pepe Luis Vázquez Garcés, el cual, a la hora de opinar, manifestó su criterio de que, para él, los sones de la música durante una corrida de toros eran motivo de singular satisfacción. ¿Habrá algo más emocionante para un torero –dijo Pepe Luis– que el momento en que, en la faena de muleta, la banda de música arranca con los sones de un pasodoble? La música y los toros se entienden muy bien. Yo recuerdo tardes inolvidables en cosos en los que se admite la música, sin desdoro de la plaza donde se interprete.

Así pensaba –y piensa– el rubio de San Bernardo. Así pensamos cuantos acudimos a aquellas reuniones de Jerez en que se debatió el tema de la música y los toros. Dos temas inseparables. Dos bellas artes, aunque ahora, al cabo del tiempo, el Ayuntamiento de la Ciudad Condal piense por decreto todo lo contrario. Lamentable error porque la fiesta de los toros, con sus pros y sus contras, está tan arraigada en el sentir de los españoles que jamás logrará ser borrada del mapa nacional, pese a quien le pese y a todos los pesares. Y perdonen la manera de señalar

http://www.patriotas.es

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